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Niveles de comprensión y construcción de los conocimientos: una ruta para aprender

 

¿Qué sucede entre el momento en que nos encontramos por primera vez con un contenido y aquel en que logramos utilizarlo para crear nuevas ideas?

Hay un recorrido. Vamos construyendo conocimiento a medida que observamos, exploramos, relacionamos, organizamos, analizamos, interpretamos, cuestionamos, argumentamos y aplicamos.


De esta premisa nace el Modelo NCCC (Niveles de Comprensión y Construcción de los Conocimientos), una propuesta que sintetiza la lógica del proceso de aprendizaje. Su propósito es doble: ayuda a comprender cómo los estudiantes avanzan hacia formas cada vez más complejas del saber y ofrece a los docentes una guía clara para planificar estrategias y actividades intencionadas en función de los objetivos de aprendizaje

Lee Niveles de comprensión y construcción del conocimiento. Secuencia lógica en el aprendizaje


Cuál es la ruta de aprendizaje que diseña el modelo NCCC

El Modelo NCCC sintetiza dos procesos integrados y cuatro niveles jerárquicos de desarrollo cognitivo y práctico para la construcción del conocimiento*.

 

¿Qué significa la secuencia que delinea el modelo para el diseño de una experiencia de aprendizaje?

Esta mirada plantea una consecuencia directa para la práctica docente: si el aprendizaje sigue un proceso, nuestras experiencias de aula deben diseñarse respetando esa lógica.

Con frecuencia, al planificar una clase pensamos de inmediato en qué contenido presentar y qué actividad realizarán los estudiantes. Rara vez nos detenemos a reflexionar: ¿Qué necesita hacer el estudiante con este contenido para llegar a comprenderlo, construir conocimiento y utilizarlo conscientemente?

Esto cambia la manera de mirar una actividad, más allá de que sea dinámica, digital o atractiva. Su sentido está al relacionarse con el proceso de comprensión y construcción que favorece. Aquí es donde la propuesta puede resultar especialmente útil.


Recuerda: No se trata de convertir la clase en una sucesión rígida de pasos ni de utilizar todas las actividades posibles. Sino de diseñar conscientemente el recorrido del aprendiz.


Por ejemplo, si queremos que comprenda un problema, podemos comenzar creando una situación que le permita observar y reconocer: ¿Qué identifica?, ¿qué sabe?, ¿qué le llama la atención?, ¿qué preguntas surgen?

Después podemos favorecer la exploración: buscar información, contrastar fuentes, organizar conceptos o establecer relaciones. Mientras interpreta lo encontrado, lo relacione con la experiencia y con los fundamentos teóricos.

Si el propósito es avanzar hacia niveles más complejos, necesitaremos oportunidades para que evalúe, confronte y argumente, utilizando evidencias y comunicando sus conclusiones. Finalmente, podemos plantearle una situación en la que tenga que integrar y aplicar aquello que ha construido, incluso en un contexto diferente.

Así, las actividades dejan de aparecer como elementos aislados de una planificación y comienzan a formar parte de una secuencia.

La diferencia parece pequeña, pero modifica la planificación. Una lluvia de ideas, una lectura, un mapa conceptual, un estudio de caso, un debate, una presentación, un proyecto o una simulación pueden tener funciones diferentes dependiendo del momento del proceso en el que se incorporen. Por eso, el desafío no está en sumar actividades. Está en articularlas con sentido.


De la actividad aislada a la experiencia de aprendizaje

Desde esta mirada, nuestro papel docente trasciende la presentación de contenidos o de llenar la clase de actividades. Se trata de pensar qué experiencia necesita el estudiante para aprender y de crear las condiciones que lo ayuden a avanzar en su proceso de comprensión y construcción.

Al diseñar tu próxima unidad o clase, te invitamos a reflexionar con estas preguntas orientadoras:

¿Cómo entrará el estudiante en contacto con el tema?

¿Qué le permitirá reconocer y explorar?

¿Cómo podrá relacionar lo nuevo con lo que ya sabe?

¿Dónde tendrá oportunidad de organizar y analizar la información?

¿Cómo podrá interpretar lo aprendido?

¿Qué espacio tendrá para cuestionar, contrastar y argumentar?

¿En qué momento podrá comunicar sus conclusiones?

¿Cómo podrá aplicar lo aprendido en una situación concreta o nueva?

¿Qué hará para revisar sus propios conocimientos y actuaciones?

 

La pregunta clave para quienes enseñamos es:

¿En qué momento del proceso de aprendizaje está mi estudiante y qué experiencia puede ayudarlo a avanzar hacia el siguiente nivel?

Porque diseñar experiencias de aprendizaje también implica reconocer que no todos los aprendizajes terminan cuando el estudiante comprende una información.


En conclusión, una de las ideas centrales del modelo NCCC es que la comprensión inicial no constituye el punto final del aprendizaje. El recorrido continúa.

El aprendizaje se consolida como una espiral progresiva donde la persona observa, organiza, analiza, interpreta, cuestiona, argumenta, comunica, aplica e internaliza el saber. Al integrar el conocimiento a su propia realidad, inicia un nuevo ciclo con una calidad cognitiva superior.

Desde esta perspectiva, el modelo transforma la planificación docente en una ruta clara: las estrategias y actividades pueden organizarse atendiendo al nivel de comprensión y construcción que se pretende alcanzar.


¿Estamos diseñando actividades para que los estudiantes hagan algo, o estamos diseñando experiencias para que puedan avanzar en su aprendizaje? Comparte tus comentarios y aprendamos juntos.


*Imagen generada por ChatGPT para esta publicación

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